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La hora dorada, Fiordos occidentales, Islandia. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Nuestra gloriosa esperanza

Un futuro glorioso nos espera, pero nada se comparará con ver al Señor Jesucristo cara a cara.

1 Corintios 15.35-58

Cuando escuchamos la palabra resurrección, solemos pensar en el Señor resucitando de entre los muertos. Pero su victoria sobre la tumba también revela nuestro destino (1 Jn 3.2). Un día, todos los creyentes que ya hayan muerto experimentarán una resurrección corporal, y quienes estén vivos cuando Cristo regrese serán transformados de mortales a inmortales en un instante.

Una de las primeras preguntas que la gente hace es: ¿Cómo voy a verme? Estos humildes cuerpos terrenales se transformarán en cuerpos gloriosos como el de Él —sin la divinidad, por supuesto. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo nos da algunas pistas sobre sus características: serán incorruptibles, gloriosos, poderosos y espirituales. Nunca más experimentaremos pecado, enfermedad, dolor, sufrimiento, debilidad, agotamiento ni muerte.

Otra pregunta común es: ¿Reconoceremos a nuestros seres queridos? Pensemos en esto: ¿cómo podrían cuerpos tan gloriosos y poderosos estar limitados de algún modo? Nuestros sentidos y facultades mentales se perfeccionarán, no se reducirán.

Nos espera un futuro glorioso. La alegría de un nuevo cuerpo y de reunirnos con nuestros seres queridos será grande, pero nada supera el gozo de ver a Cristo cara a cara. Él hizo todo esto posible; por gratitud, amémoslo y sirvámosle fielmente.

BIBLIA EN UN AÑO: 2 SAMUEL 4-6