La culpa es algo con lo que todos estamos familiarizados. Pero vale la pena tomarse el tiempo para detenerse y hacer la pregunta: “¿Qué es la culpa?”.
Cuando vemos el término en las traducciones al español de la Biblia, tendemos a darle un sentido más emocional que el original. Es decir, lo asociamos con remordimiento, tristeza o rechazo por algo del pasado. Sin embargo, bíblicamente se trata sobre todo de un término legal que señala responsabilidad, como cuando un tribunal declara a alguien “culpable”.
¿Qué significa esto para el creyente? Ya deberíamos saber que hemos sido declarados culpables: Romanos 3.23 dice que todos hemos pecado. Sin embargo, Jesucristo asumió esa culpa en la cruz y pagó nuestra deuda en su totalidad. Si la deuda ha sido pagada y hemos sido liberados de los cargos, entonces ya no somos culpables. Hemos sido declarados perdonados.
El Señor no quiere que escondamos el gozo de nuestra salvación bajo una manta asfixiante de culpa. Más bien, estamos llamados a regocijarnos en la gloriosa redención que el sacrificio de Cristo hizo posible. Podemos apropiarnos con gozo de la promesa de Juan 8.36: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Vaya, y viva en libertad hoy.
BIBLIA EN UN AÑO: MIQUEAS 5-7