¿Qué hacemos cuando surgen problemas con nuestros amigos? En este mensaje, el Dr. Stanley nos explica, a la luz del libro de Proverbios, cómo elegir buenas amistades y cómo restaurar las relaciones dañadas. Descubra los principios que nos ayudan a cultivar amistades que honren a Dios.
Bosquejo del Sermón
¿Ha tenido alguna vez una amistad que terminó mal, ya sea por su culpa o por la de otra persona? Una amistad sólida es un tesoro, pero puede verse dañada e incluso destruirse. La buena noticia es que también puede restaurarse. Esta semana, el Dr. Stanley analiza hábitos perjudiciales y presenta soluciones bíblicas para sanar relaciones heridas.
Pasaje clave: Proverbios 16.28
Un amigo verdadero le ama aun en esos momentos en los que no es fácil amarle, le apoya cuando el mundo le abandona, acepta lo peor de usted y le ayuda a convertirse en una mejor persona.
“Un amigo verdadero y genuino es un regalo de la gracia de Dios para cada uno de nosotros”.
Las amistades requieren de un esfuerzo intencional de nuestra parte:
Los buenos amigos son muy valiosos.
Tenemos que dedicar tiempo a nuestras amistades.
Cada amistad enfrenta problemas; y, como resultado, algunos vínculos no permanecen (Pr 16.28).
Dañamos amistades a través de…
El egoísmo. Si el amor es verdadero, la pregunta principal no es: “¿Qué puede ofrecerme esta persona?”. Más bien, debemos preguntarnos: “¿Qué puedo hacer por esta persona?”.
La manipulación. Implica intentar controlar a otra persona, ya sea mediante las finanzas, el chantaje emocional u otros medios.
Los celos. Si no podemos permitir que un amigo tenga vínculos cercanos con otras personas, nuestra intolerancia terminará ahogando la relación.
Las críticas. Destruyen en vez de edificar. Los amigos de verdad se confrontan con amor.
La codicia. Cuando deseamos aquello que no nos pertenece, lo que codiciamos llega a ser más valioso que nuestra amistad.
La falta de sinceridad. Una amistad no puede sobrevivir sin confianza. La falta de sinceridad siempre dañará nuestras relaciones.
“Un amigo es aquel que se mantiene a nuestro lado. Y eso hace que las amistades sean muy valiosas”.
Para sanar una amistad que ha sido dañada debemos…
Abordar el problema de forma directa. Hable con su amigo y reconozca que algo no está bien.
Determinar qué pasó. Comprenda lo que causó la herida antes de intentar solucionarla.
Disculparnos. Exprese cuánto lo lamenta sin intentar justificar sus acciones.
Negarnos a culpar a otros y a defendernos a nosotros mismos. La meta no es demostrar que tenemos la razón, sino restaurar la amistad.
Comprometernos a reconstruir la relación. Dígale a su amigo: “Estoy comprometido con nuestra amistad y haré todo lo necesario para repararla”.
Al reparar una amistad, pregúntese:
¿Estoy proyectando en mi amigo algo que sucedió en mi pasado?
¿Tengo demasiado temor de tener una relación cercana?
¿Tengo expectativas irreales?
¿Tengo sentimientos de falta de mérito?
Después de ver el sermón
Trace dos columnas en una hoja de papel. En la columna de la izquierda, anote los nombres de sus amigos. Si alguno de los patrones mencionados por el Dr. Stanley se ha infiltrado en su amistad, escríbalo en la otra columna. (Sea sincero; nadie más verá lo que ha escrito). Luego, rompa el papel por la mitad. Conserve la parte de los nombres y deseche la otra mitad como señal de que esos patrones ya no definirán sus amistades. Finalmente, elija a una persona por quien orar y pídale a Dios que le permita impactar la vida de su amigo.
Piense en una amistad que ha sido dañada. No se apresure a buscar una solución al problema. Solo lleve esa amistad ante Dios en oración y escuche su voz. ¿Le ha mostrado que debe perdonar algo, contactar a su amigo, dejar algo a un lado o entristecerse por lo que se ha perdido?