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Sermón de TV

Nuestra recompensa

Profundice en lo que dice la Biblia acerca de servir a Dios con las motivaciones adecuadas.

Predicado por primera vez el 11 de septiembre de 1996

Las recompensas son muy importantes a los ojos de Dios, y Él no pasa por alto las buenas obras que hacemos por los demás. En este mensaje, el Dr. Stanley explica las dos categorías en las que se pueden clasificar las recompensas, según la Palabra de Dios. Profundice en lo que dice la Biblia acerca de servir a Dios con las motivaciones adecuadas.

Bosquejo del Sermón

El Señor nos llama a servir y hace maravillosas promesas a quienes lo hacen, lo cual tiene un profundo impacto en la forma en que expresamos nuestra fe. Esta semana, el Dr. Stanley enseña que Dios nunca pasa por alto un solo acto de servicio fiel.

Pasaje clave: Hebreos 6.10

Lecturas de apoyo: Mateo 6.1, 5, 16; Lucas 14.14; Romanos 14.12; 1 Corintios 9.25; 2 Corintios 5.10; 2 Timoteo 4.8; Santiago 1.12; 1 Pedro 5.4; Apocalipsis 22.12

El hecho que la salvación no sea una recompensa por el servicio que ofrecemos, no significa que Dios considere que el servicio tiene poca importancia.

“Dios no ha olvidado nuestras obras. No pasa por alto las buenas obras que hacemos por los demás”.

Nuestra recompensa depende del carácter de Dios (He 6.10):

  • Él es justo. Si Dios quebrantara una de sus promesas o actuara en contra de su propia ley, tendríamos motivos para dudar. Pero nuestro Padre celestial siempre es fiel a su Palabra.

  • Nunca olvida nada. Es omnisciente. Nada pasa desapercibido, por pequeño que haya sido el acto de bondad (Ap 22.12).

El servicio realizado con motivos egoístas…

  • Produce recompensas inmediatas que no son ni satisfactorias ni duraderas (Mt 6.5, 16).

  • Solo genera reconocimiento humano (Mt 6.1).

Sin embargo, servir a Dios con motivos devotos:

“Ya sea que ofrezca un vaso de agua fresca a una persona o que ayude al que ha caído, ningún acto de servicio pasa desapercibido para el Señor”.

La salvación es un don de la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo. Sin embargo, por nuestro servicio, Dios nos recompensa con…

  • La corona incorruptible, concedida a los que tienen dominio propio, practican la disciplina y corren con perseverancia la carrera de la fe (1 Co 9.25).

  • La corona de vida, dada a quienes soportan las pruebas y las tentaciones sin rendirse ni desanimarse (Stg 1.12).

  • La corona de justicia, otorgada a quienes esperan con anhelo el regreso del Señor y viven a semejanza de Cristo (2 Ti 4.8).

  • La corona de gloria, reservada para quienes comparten la Palabra de Dios con otros y los alimentan espiritualmente (1 P 5.4).

Cuando estemos ante la presencia de Dios, seremos juzgados sobre la base de:

  1. La luz de la verdad que tuvimos. Dios se revela a lo largo de nuestra vida, y somos responsables de vivir conforme a lo que hemos aprendido acerca de Él.

  2. Las oportunidades que nos dio. Todo creyente en Cristo recibe dones espirituales para ponerlos al servicio de Dios.

  3. La respuesta que tuvimos ante esas oportunidades. No todos los cristianos reciben el mismo llamado, por tanto, seremos juzgados según lo que hayamos hecho con lo que se nos ha confiado.

Después de ver el sermón

  • Durante esta semana, observe a su alrededor y fíjese en quienes sirven a los demás de maneras discretas o, en apariencia, insignificantes. Sostienen una puerta abierta, hacen que un desconocido se sienta bienvenido o limpian el templo. ¿Cómo impactan estas acciones la vida de los demás? ¿Cómo se sintió al observarlas? Recuerde que las buenas obras agradan a Dios.

  • Al realizar tareas que preferiría evitar, como lavar los platos, sacar la basura o cortar el césped, recuerde que, si las hace con amor, aun una labor pequeña es una manera de glorificar al Señor. Antes de comenzar cualquier servicio, ore de esta manera: Señor, te ofrezco esta obra. Ayúdame, y permite que pueda realizarla por amor a Ti. En el nombre del Señor Jesucristo, amén.