El salmo de hoy fue escrito por alguien que acababa de pasar por una verdadera aflicción. El salmista recuerda su temor, su clamor y la respuesta de Dios. Y agradecido por el alivio de la liberación, escribe un cántico de alabanza que ha fortalecido a generaciones de creyentes.
Lo que llama la atención en el Salmo 34 es cómo redefine la buena vida. El mundo la mide por la comodidad y las circunstancias: lo que tenemos, logramos o experimentamos. Pero el salmista aprendió a verla de otra manera: la buena vida es aquella en la que Dios está cerca, aun en el miedo, el dolor o cuando nada sale como esperábamos.
El salmo contiene una de las promesas más hermosas de la Biblia: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (Sal 34.18). No son palabras escritas por alguien cuya vida va bien; describen el sufrimiento de quien ha descubierto que allí es donde el Señor nos encuentra.
Podríamos pensar que la presencia y fidelidad de Dios nos protegen de la adversidad, pero también nos sostienen en medio de ella. Por eso, el salmista invita: “Gustad, y ved que es bueno Jehová” (Sal 34.8). No algún día, cuando todo esté resuelto, sino ahora mismo, sin importar lo que estemos viviendo.
BIBLIA EN UN AÑO: LUCAS 10-11