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Alemania. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

Cómo manejar el orgullo

El orgullo busca maneras de servir al ego, pero la humildad elige confiar en Dios y en su tiempo.

1 Samuel 24.8-12

El orgullo nos lleva a creer que podemos manejar la vida por nuestra propia cuenta. Los primeros dos reyes de Israel —Saúl y David— ilustran diferentes enfoques para manejar el orgullo.

La alta opinión de Saúl sobre sí mismo lo llevó a desobedecer los mandamientos de Dios. Tras vencer a los amalecitas, decidió conservar algunos despojos, aunque Dios había ordenado destruir todo, incluidos los animales (1 S 15.3). Cuando Samuel lo confrontó, Saúl dijo que los había guardado para “sacrificarlos al Señor” (1 S 15.15). Dios vio un corazón lleno de orgullo. Cuando el egoísmo domina nuestro pensamiento, dejamos de obedecer a Dios para nuestro beneficio y, si somos descubiertos, intentamos justificar nuestra desobediencia, como hizo Saúl.

David —el segundo rey de Israel, elegido mientras Saúl aún reinaba— no intentó iniciar su propio reinado. En cambio, esperó el tiempo de Dios. Eso significó soportar los arranques de celos y los intentos de asesinato de Saúl, sin vengarse. De hecho, incluso cuando tuvo la oportunidad, David se negó a tomar el trono; no permitió que el orgullo dominara su pensamiento.

¿Hay algún indicio de orgullo en su vida? Si lo hay, pase tiempo con el Señor hoy y pídale que le enseñe a crecer en humildad.

BIBLIA EN UN AÑO: 2 SAMUEL 7-9