Como cristianos, tenemos al Padre celestial en quien podemos confiar, pues ha prometido estar con nosotros en las luchas. Él sabe lo que sucederá antes que nosotros; nada está oculto de su vista (He 4.13). Aun en la oscuridad de los tiempos difíciles, Dios ve con tanta claridad como en la luz del día (Sal 139.11, 12). Por medio de su Espíritu, nos da consuelo, fortaleza y sabiduría para perseverar.
La historia de José ilustra esta verdad. Después de ser vendido como esclavo por sus hermanos, fue acusado falsamente por la esposa de su amo y encarcelado. Pero en esos tiempos difíciles, el joven experimentó la presencia y el favor de Dios.
José quizás no comprendía del todo las intenciones del Señor. Pero más tarde, como segundo al mando, después de Faraón, entendió el propósito de Dios al permitir esos años difíciles. Al final, José dio testimonio de que, aunque sus hermanos habían querido hacerle daño, Dios usó toda la adversidad para cumplir su buen plan (Gn 45.4-8; Gn 50.20).
Cuando lleguen las dificultades, recuerde que el Espíritu Santo que habita en usted le dará lo necesario, le preparará para cada desafío y le sostendrá. Nada puede impedir que se cumplan los propósitos de nuestro Señor (Is 14.27).
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 67-70