La naturaleza de Dios es bendecir, pero su propósito suele ser más grande de lo que imaginamos. Su intención no es solo nuestra felicidad o prosperidad, sino que sus bendiciones fluyan hacia otros por medio de nosotros, a medida que se cumple su plan para toda la humanidad.
Como podemos ver en el salmo de hoy, el Señor nos bendice para que su salvación, sus caminos y su justicia sean conocidos por todas las naciones y pueblos del mundo (Sal 67.2–4, 7). Él siempre actúa con esta visión más amplia en mente, incluso cuando trabaja en los detalles minúsculos de cada individuo.
Saber esto debería llenarnos de una profunda y humilde sensación de propósito. Cada creyente tiene un papel en ayudar a otros a conocer y comprender al único Dios verdadero (Mt 28.19, 20). Cada una de sus bendiciones nos beneficia y, al mismo tiempo, está destinada a promover esta causa. Si estamos dispuestos a alinear nuestras peticiones con los planes mayores de Dios, experimentaremos el gozo de ser usados por Él para cumplir grandes propósitos.
Cuando el Señor le bendice, no solo hace algo por usted; también hace algo en usted y a través de usted. Pregúntele a Dios cómo puede usar sus dones para guiar a las personas a Él.
BIBLIA EN UN AÑO: ÉXODO 25-27