El discernimiento espiritual es la capacidad de ver la vida desde una perspectiva divina. Una de las maneras principales en que desarrollamos esta perspectiva es por medio de la lectura de la Biblia: la revelación confiable que Dios hace de Sí mismo. En ella, Él nos muestra quién es y cómo obra. Aunque las historias ocurrieron hace siglos, sus principios siguen vigentes y ofrecen guía para hoy.
La Palabra de Dios es viva y eficaz (He 4.12). Sus palabras no quedan en la página; iluminan el corazón y revelan pensamientos y motivaciones. Si nos acercamos a la Biblia con un espíritu abierto, Dios saca a la luz, con ternura, lo que quizá no veríamos: motivos ocultos, puntos ciegos y áreas que requieren crecimiento.
El discernimiento espiritual implica ver no solo nuestras circunstancias, sino también vernos a nosotros mismos desde la perspectiva de Dios. Al pasar tiempo diario en su Palabra, obtenemos una visión de quiénes somos en realidad y en quiénes nos está llamando Dios a convertirnos.
¿Ha estado evitando un compromiso más profundo con las Sagradas Escrituras? Si es así, recuerde: cuando Dios revela algo que requiere atención, su propósito es restaurador —ayudarnos a ser más sanos, más libres y más semejantes a Cristo (Ro 8.29). Ese conocimiento es un regalo digno de recibir.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 139-144