En algún momento, todos llegamos a sentirnos confundidos, inseguros o engañados. En esos casos, el discernimiento espiritual resulta invaluable. La capacidad de ver la vida desde una perspectiva divina ayuda a tomar decisiones con confianza. Por el Espíritu de Dios, podemos distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo mejor, la verdad y la mentira.
En lugar de depender de las apariencias o del razonamiento humano, podemos invitar al Espíritu Santo a ver cada situación como Dios la ve. Esto no implica abandonar el sentido común ni el consejo sabio, sino incluir la perspectiva de Dios al evaluar nuestras opciones.
El Padre celestial da a sus hijos la capacidad de discernimiento espiritual, pero muchos creyentes no advierten que este don está a su disposición. Hacen lo mejor con lo que saben, pero pierden la comprensión más profunda que Dios ofrece. Si no pasamos tiempo con Él, no podremos cultivar nuestro discernimiento.
Un espíritu con discernimiento comienza con una actitud humilde y receptiva (1 Co 2.12, 13). Si ha tomado decisiones según su propio entendimiento, reconózcalo ante Dios. Pídale que le revele su perspectiva. Al invitarlo a participar en sus decisiones, su discernimiento espiritual aumentará.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 132-138