La bondad de Dios es infinita e inmutable. Por eso, todo lo que Él hace es bueno. A veces miramos las dificultades en nuestra vida y sentimos que Él no ha mostrado su bondad hacia nosotros. Sin embargo, las circunstancias confusas y nuestro entendimiento limitado no cambian quién es Él. Una situación puede no parecer buena, pero la bondad de Dios permanece inalterable.
La Biblia nos dice que Dios es bueno con todos (Sal 145.9) y no muestra favoritismo (Ro 2.11). A veces, si somos sinceros, nos gustaría que Él fuera más parcial en su generosidad cuando a las personas que consideramos malas les va bien en la vida. Sin embargo, el Señor Jesús dijo que Dios “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5.45). Debemos recordar que nosotros, como creyentes, tampoco merecemos el favor del Padre celestial. Él nos lo da porque su naturaleza es ser bueno con quienes Él ama, y ama a todo el mundo —tanto a creyentes como a no creyentes.
Si deseamos la plena medida de la bondad de Dios, debemos creer en Él, recibir su amor y vivir en obediencia. Sobre quienes lo aman y andan en su justicia, Él derrama la plenitud de su favor por la eternidad, sin retener nada (Sal 84.11, 12).
BIBLIA EN UN AÑO: 2 SAMUEL 13-14