Dios desea ser la pasión de la vida de cada creyente. Si decimos amarlo, nuestra relación con Él debe ser prioridad. Sin embargo, a menudo malinterpretamos el Salmo 37.4, pensando que promete que obtendremos todo lo que queramos.
En su contexto, esa escritura revela el principio del Señor para purificar nuestros deseos, y hace un llamado a la devoción hacia Él. Gozarse en el Señor significa hallar placer en descubrir más de Él y obedecer su voluntad. Esto lleva al Espíritu Santo a alinear los deseos de nuestro corazón con los de Dios, lo que siempre nos posiciona para experimentar sus bendiciones.
Al confiar nuestros caminos a Dios, dejamos que nuestros pensamientos, metas y manera de vivir se alineen con su voluntad y lo que Él ama. Aceptamos que es Él quien determina si nuestros deseos encajan en su plan perfecto. Al descansar en Él y esperar con paciencia, confiamos en que resolverá las circunstancias, incluso cuando nuestro deseo parezca imposible.
Si hacemos de Dios nuestro primer amor (Mt 6.33), nuestro corazón se enfocará en reflejar su gloria mediante la obediencia. Cuando estamos alineados con su voluntad, Él concede los deseos de nuestro corazón a su tiempo. ¿No es esa la verdadera plenitud? Nada más nos hará falta.
BIBLIA EN UN AÑO: 2 SAMUEL 15-17