¿Encuentra usted que la paz llega de forma natural o parece una lucha constante alcanzarla? A veces parece que todo conspirara contra nuestra paz, y nuestro espíritu nunca encuentra descanso. ¿Cómo podemos silenciar las distracciones lo suficiente para escuchar la voz de Dios?
La clave está en la meditación. Tal vez piense: la meditación es demasiado centrada en uno mismo; no sirve para nada en la vida de un cristiano. Pero la verdad es que la meditación no se trata de escucharse a sí mismo; al contrario, se trata de aquietar su mente y prestar atención a los suaves susurros del Señor (Sal 119.15).
Piense en su vida de oración: ¿qué voz es más prominente, la suya o la del Padre celestial? La mayoría del tiempo lo dedicamos a hablar, agradecer y pedir ayuda. Aunque Dios nos invita a presentar nuestras peticiones (Fil 4.6), si nunca escuchamos atentamente su respuesta, ¿cómo sabremos lo que quiere comunicar?
El tiempo que dedicamos a escuchar al Señor es un buen indicador de cuánto respetamos y disfrutamos nuestra relación con Él. Considere sus propios hábitos de oración, y si siente que las cosas podrían mejorar, comprométase a escuchar lo que Dios quiere compartir con usted.
BIBLIA EN UN AÑO: ÉXODO 39-40