¿Alguna vez ha notado que cuanto más tiempo pasa usted con alguien, mejor entiende la manera de pensar de esa persona? Nuestra relación con el Señor Jesucristo es semejante. Cuando tenemos una conexión cercana con Él, no estamos orando a una deidad fría y lejana que está “por ahí en algún lugar”. Por el contrario, estamos hablando con un Dios que está cerca (Sal 145.18), un Dios que nos ama, nos sostiene y nos moldea a su propia imagen. Eso cambia nuestra manera de acercarnos a Él, ¿verdad?
En el pasaje de hoy, Pedro, Santiago y Juan fueron testigos de la transfiguración del Señor Jesús y se aterrorizaron. Su reacción fue comprensible, ya que estaban viendo la gloria divina con ojos humanos. Pero incluso en ese momento abrumador, el Señor no los dejó tirados en el suelo donde habían caído. En cambio, se acercó a los tres discípulos, los tocó y les dijo: “Levantaos, y no temáis” (Mt 17.7). Ese es el Dios compasivo y personal al que servimos: uno que sale a nuestro encuentro en nuestro asombro y nos levanta con ternura.
Es sabio tener presente esta imagen cuando pasamos tiempo con el Señor. Si le cuesta conectarse con Dios, recuerde que Él le ama, le perdona y se regocija en sus oraciones.
BIBLIA EN UN AÑO: DANIEL 7-9