Comprender el papel del Espíritu Santo en la salvación transforma la manera en que compartimos nuestra fe. En este mensaje, el Dr. Stanley enseña cómo obra el Espíritu Santo en los corazones de los no creyentes, revelando el pecado fundamental de la incredulidad y señalando la necesidad de tener fe en Jesucristo. Descubra cómo dar testimonio con mayor eficacia y revolucionar su enfoque de la evangelización.
Bosquejo del Sermón
¿Alguna vez se ha preocupado por amigos y familiares que no conocen al Señor? Esta semana el Dr. Stanley explica la obra que el Espíritu Santo realiza en las vidas de aquellos que nunca han confiado en Cristo.
Pasaje clave: Juan 16.7-12
Lecturas de apoyo: Isaías 64.6; Juan 3.16; 6.39, 44; Hechos 2.22-24, 31-33, 36-39; 1 Corintios 2.14; 2 Corintios 4.3, 4; Efesios 2.1; Colosenses 1.13
¿Cómo es posible que algunas personas escuchen la Palabra de Dios una y otra vez y, aun así, rechacen el mensaje de Jesucristo?
“Hay un solo pecado que aleja a las personas de Dios por toda la eternidad; no creer en su Hijo Jesucristo”.
La convicción del Espíritu Santo es indispensable para la salvación (Jn 16.7-12). Esto se debe a la condición de los no creyentes:
No pueden comprender las cosas de Dios, las cuales solo pueden ser percibidas a nivel espiritual (1 Co 2.14).
Satanás ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean la luz del evangelio (2 Co 4.3, 4). Ni tan siquiera una verdad tan fundamental y básica como la de Juan 3.16 puede ser comprendida sin la obra reveladora del Espíritu Santo.
Es Dios quien obra para llevar a los no creyentes a Cristo (Jn 6.39, 44).
Los seres humanos están espiritualmente muertos y no pueden buscar a Dios por sí solos (Ef 2.1).
“El enfoque del Espíritu Santo es Cristo y no el pecado”.
El Espíritu Santo obra para convencernos de…
El pecado (Jn 16.8, 9):
El objetivo del Espíritu Santo no es la lista de pecados del no creyente, sino que se enfoca en uno solo de ellos: el no creer en Jesucristo.
La meta del Espíritu no es hacer que las personas se sientan mal o culpables por sus pecados, sino guiarlas hacia la salvación.
El enfoque del Espíritu Santo siempre es Cristo, el crucificado y resucitado Salvador.
La justicia (Jn 16.8-10):
El Espíritu convence al no creyente de que Cristo es absolutamente justo, lo cual lo califica para llevar el pecado de la humanidad.
En comparación, la propia injusticia del incrédulo queda por completo al descubierto. Nuestros mejores esfuerzos por ser justos son como trapos sucios ante Dios (Is 64.6).
El juicio (Jn 16.11):
Satanás ya ha sido juzgado. Aquellos que permanecen en su reino enfrentarán el mismo veredicto.
Solo existen dos reinos: el reino de Dios y el reino de las tinieblas (Col 1.13). Los que rechazan a Cristo están en tinieblas.
“En el momento en que rinda su vida a Cristo, el Espíritu Santo comenzará a obrar para revelarle cómo llegar a ser todo lo que Dios desea que sea”.
El mensaje de Pedro el día de Pentecostés (Hch 2.22-39):
Pedro no mencionó los pecados específicos de su audiencia. Predicó solo acerca de Cristo, el crucificado y resucitado, y de cómo fue rechazado por Israel.
Los oyentes fueron conmovidos hasta lo más profundo de su ser y exclamaron: “¿Qué haremos?” (Hch 2.37).
Aquellos que rechazan el llamado del Espíritu de Dios endurecen sus corazones y se vuelven inmunes a su obra.
Después de ver el sermón
Piense en alguien en su vida que ya ha escuchado el evangelio, pero aún no lo ha aceptado. ¿De qué manera ha cambiado su perspectiva con relación a la forma en la que ora por esa persona, una vez que ha comprendido la función del Espíritu Santo?
La labor del Espíritu de Dios es guiar a las personas a Jesucristo. Su objetivo principal no es hacerlos sentir mal acerca de sus pecados. ¿Cómo puede cambiar esto la manera en la que habla acerca de su fe con aquellos que aún no creen?