¿Alguna vez se ha preguntado si de verdad está creciendo espiritualmente? Es una pregunta válida. Muchos asistimos a la iglesia, oramos y leemos la Biblia, pero la transformación no siempre es evidente.
El crecimiento espiritual no es misterioso. Dios está obrando en nosotros, y estas son algunas evidencias:
El hambre por Cristo. Cuando conocemos al Señor, deseamos cada vez más de Él, porque es el Pan de Vida (Jn 6.35). Y cuanto más lo experimentamos, más anhelamos su presencia, pues solo en Él encontramos verdadera satisfacción.
El discernimiento más agudo. Cuanto más caminamos con el Señor, más claridad tenemos. Distinguimos lo verdadero de lo que solo suena bien. El Espíritu Santo afina nuestros sentidos espirituales para ver lo que antes pasábamos por alto.
La mayor capacidad de amar. Una señal clara de crecimiento es que nos importan personas que antes ignorábamos. El Espíritu Santo ablanda nuestro corazón y nos capacita para amar más allá de nuestras fuerzas naturales.
El crecimiento no se trata de perfección espiritual, sino de transformación. Y eso es algo para celebrar.
BIBLIA EN UN AÑO: EZEQUIEL 4-6