En el pasaje de hoy, Santiago escribe a una comunidad que ha perdido de vista lo que significa seguir a Cristo.
Santiago describe una escena incómoda: un vecino llega con hambre y frío, pero es despedido con frases vacías: “Id en paz, calentaos y saciaos” (Stg 2.16), sin que se haga nada para ayudarlo en realidad. La brecha entre lo que decimos y lo que hacemos revela lo que creemos de verdad. Santiago no se limita a promover ideas sobre la fe; le interesa la fe en acción.
A lo largo de los Evangelios, el Señor Jesús nunca respondió a la necesidad humana solo con buenos deseos. Alimentó a los hambrientos, sanó a los enfermos y restauró a los quebrantados. Encontró a un endemoniado salvaje, desnudo y haciéndose daño, pero cuando llegaron sus vecinos, el hombre estaba sentado a los pies del Señor, vestido y en su sano juicio (Mr 5.1-20). El cuidado de nuestro Señor nunca son simples palabras.
La fe activa crece al conocer a este Dios —el que siempre se mueve hacia nosotros, haciendo nuevas todas las cosas. Cuanto más recibimos de Él, menos podemos quedarnos quietos cuando alguien a nuestro alrededor necesita ayuda.
La fe viva es amor en acción. Y el amor, por su naturaleza, nunca se reserva nada.
BIBLIA EN UN AÑO: EZEQUIEL 10-12