En el pasaje de hoy, el Señor Jesús cuenta una parábola sobre un hombre rico cuyos campos produjeron en abundancia. En vez de compartir, decidió construir graneros más grandes para guardar todo y vivir para sí mismo.
El problema no era la riqueza del hombre. Fue lo que eligió hacer con ella. Su enfoque estaba puesto en él mismo: “mis cosechas”, “mis graneros”, “mis bienes”. Este hombre rico no eligió compartir con los necesitados ni ser generoso con Dios. Creía que podía asegurar su futuro mediante la acumulación, confundiendo la abundancia material con la verdadera seguridad.
La parábola revela una necedad más profunda: tratar el alma como si esta pudiera satisfacerse con posesiones. Pero la muerte llegó de repente, demostrando que las necesidades espirituales nunca pueden ser satisfechas por cosas que solo ofrecen bienestar material.
El Señor dice que así es quien acumula para sí y no es “rico para con Dios” (Lc 12.21). Ser rico para con Dios es vivir con generosidad, reconociendo que todo lo que tenemos es para que lo administremos, no para que lo retengamos (Mt 6.19-21). La verdadera seguridad no está en graneros más grandes, sino en confiar en Dios y vivir con manos abiertas.
BIBLIA EN UN AÑO: EZEQUIEL 1-3