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Faro de Pigeon Point, California. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

El compromiso de obedecer

La obediencia no es un momento puntual de cumplimiento; es una entrega total a un estilo de vida sometido a Dios.

Salmo 1

La Biblia habla del poder y la majestad de Dios, al mismo tiempo que revela su profunda misericordia y su amor. Claramente, Él es digno de nuestra entrega total y apasionada. Y se complace cuando elegimos seguirlo con total obediencia, pase lo que pase.

Pensemos en la palabra “compromiso”. La obediencia al Señor no depende de la situación presente; es una sumisión total como estilo de vida. Nuestra naturaleza humana prefiere poner límites a la obediencia y cambiar de opinión cuando los planes se alteran, el resultado no está claro o tenemos miedo. Pero Dios promete que nunca nos dejará (Dt 31.6) y que sus planes para nosotros son buenos (Jer 29.11). Por eso podemos obedecer, confiando en que las consecuencias quedan en sus manos.

El Salmo 1 describe el estudio de la Palabra de Dios, no por obligación sino como fuente de vida. Una obediencia así no ocurre por accidente. Crece a medida que permanecemos cerca de las Sagradas Escrituras, oramos con sinceridad y seguimos volviendo a Dios incluso después de haber tropezado.

Cuando Cristo es el Señor de nuestra vida, la pregunta que define todo se convierte en: ¿Qué quiere Dios que haga? Seguirlo es cómo crecemos y cómo encontramos nuestro equilibrio incluso cuando el camino por delante sea incierto.

BIBLÍA EN UN AÑO: JUAN 6-7