La pasión por obedecer a Dios no surge en el instante en que somos salvos. Es cierto que entramos en nuestra nueva vida en Cristo con el deseo de agradarle, pero la búsqueda decidida de su voluntad se desarrolla con el tiempo.
Muchos comenzamos nuestro caminar con motivaciones mezcladas: alivio, gratitud y el deseo de enmendar las cosas. Pero, a medida que crecemos en la fe y comprendemos cuánto nos ama Dios, algo cambia. Lo que comenzó como una obligación se transforma en devoción.
El paso de una motivación a otra comienza con un conocimiento cada vez mayor del Señor. Al profundizar en la Palabra de Dios, aprendemos quién es Dios: su corazón, su carácter y su voluntad. Vemos cómo Él ha provisto en el pasado y confiamos en que proveerá en el futuro. Reconocemos la sabiduría de obedecer a nuestro Padre celestial, no solo por sus bendiciones, sino porque sabe qué es lo mejor para nosotros y nos ama.
Sin importar dónde se encuentre entre la obligación y la devoción, puede avanzar en la dirección correcta. Comprométase a obedecer a Dios y a leer su Palabra cada día para aprender a permanecer fiel. Dios está con usted y desea culminar lo que ha comenzado en usted (Fil 1.6).
BIBLÍA EN UN AÑO: JUAN 4-5