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Parque Nacional de los Glaciares, Montana. Fotografía por Charles F. Stanley.
Meditación diaria

La puerta abierta

Por medio de la hospitalidad, convertimos nuestro hogar y nuestra mesa en un ministerio que refleja el amor de Cristo.

3 Juan 1.1-8

Con apenas 15 versículos, 3 Juan es uno de los libros más cortos del Nuevo Testamento. Es una nota cálida y personal de un apóstol anciano a un amigo querido llamado Gayo. Y su tema es importante, aunque a menudo pasado por alto: la hospitalidad.

En el siglo I, los maestros itinerantes y misioneros dependían de la hospitalidad de los creyentes locales mientras viajaban. Las posadas solían ser inseguras, costosas o de mala reputación, por lo que los hogares cristianos eran una mejor opción. Gayo había hecho de recibir a estos desconocidos una práctica, porque venían en nombre de Cristo.

Juan le escribió para agradecerle, y luego dijo algo notable: cuando Gayo recibía a esos viajeros, se convertía en “colaborador de la verdad” (3 Juan 8). Su habitación extra y su mesa se transformaron en un ministerio. Lo que hacía era una parte de la misión de la iglesia tanto como cualquier sermón.

Muchas veces, la hospitalidad no parece importante en el momento. Es un gesto relativamente sencillo: una comida, una cama, una bienvenida cordial. Sin embargo, la Biblia anima a practicarla (Ro 12.13), porque así es como el amor de Cristo llega al mundo: a través de personas que abren su vida y su corazón a los demás.

BIBLIA EN UN AÑO: JUAN 1-3